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Anoche cuando volví a casa me encontre con la noticia de la muerte de Michael Jackson y hoy al levantarme también me encuentro con la muerte de Farrah Fawcett, que como imaginaba iba a quedar eclipsada por completo por lo que, al no haber seguido la trayectoria de Jackson, me voy a permitir dedicarle este humilde espacio a Farrah.
Siento plena indignación ante la descafeinada información que se está dando hoy de ella cuando esta mujer que ha luchado contra un cáncer anal durante 3 años se ha esforzado por mostrar su lucha ante los medios con el ánimo de que otros enfermos se apoyasen en su ejemplo, ya que consiguió superarlo; pero el destino quiso volver a repetirle la enfermedad que finalmente la ha conducido a la muerte. Una mujer que pese a conocer su cercano final había enamorado a su compañero sentimental Ryan O'Neal hasta el punto de contraer matrimonio antes de morir.
Su personaje Jill en la popular serie "Los ángeles de Charlie" la lanzó al estrellato y se convirtió en la sex-symbol por excelencia de los ultimos 70's; su melena rubia y su característico peinado marcaron tendecias y sus sensuales posters llenaron millones de paredes en todo el mundo.
Esto me lleva a reflexionar hoy sobre nuestro final; está claro que la muerte afecta por igual a todos sin importar si has sido un ciudadano común o te han llamado mundialmente "rey del pop". Pero, ¿qué sentido tiene morir? ¿Encontraremos después un paraíso como nos tienen prometido? ¿Tal vez una reencarnación? ¿Y una dimensión paralela a la nuestra donde sigamos viviendo sin vivir? Son demasiadas preguntas sin respuesta que al final conducen a un frío pensamiento: si un ser vivo no humano al morir vuelve a convertirse en nada, ¿por qué nosotros tendríamos que aspirar a algo mas?
Solo se me ocurre responder que sin una "segunda existencia" vivir no tiene ningún sentido.